Huésped del Abismo
Una niebla fantasmal, blanca y densa cubría la ciudad. Eran las seis de la tarde. Sobre los bancos y el suelo pedregoso del camino, aún quedaban rastros oscuros de sangre y vísceras avícolas aplastadas. Restos de aquella misteriosa lluvia de pájaros muertos, cuya completa eliminación, a pesar del esfuerzo que se puso, resultó imposible. Paseaba sereno, a pesar de su tornado interior. La tensión que estuvo experimentando las últimas semanas había sido excesiva incluso para un adicto al trabajo lo como era él. Y es que ojalá se tratase sólo de la presión que se respiraban en la editorial… Su cabeza iba a estallar desde la absorción del grupo por parte de aquella gran empresa de prensa extranjera. Por primera vez en muchos años, no sentía que su permanencia en el puesto que ocupaba dependiesen exclusivamente de sus aptitudes y de su empeño hacia el cargo. Las farolas comenzaron a encenderse tímidamente de forma lenta y progresiva, y su luz pálida y ocre rasgó la profusa y nebulosa os...