Vorágine
10 de Junio. Ahora mismo, en cuanto me he sentado a escribir, el reloj marca las 5:55 de la madrugada, exactamente. Había quedado con Cromwell al ocaso, como la última vez, en el enrejado del parque oeste. Allí le tuve que esperar, tan solo unos minutos, hasta que se manifestó caminando lentamente entre una niebla que, cuando salí de casa, no estaba aún; pues había comenzado a formarse a medida que caía la noche. Llevaba su característico guardapolvo negro largo y, en la mano, la misma palanca herrumbrosa del otro día. –¿Has traído el pedido que te encargué recoger donde Hildegard? –me preguntó, clavando en mi su mirada metálica. –Sí. –Bien. Hoy vamos a volver a descender al alcantarillado. He de mostrarte algo. Pero tranquilo, no iremos más abajo esta vez. Antes de proceder a arrancar la tapa de la misma alcantarilla del otro día, extrajo de su abrigo ese diminuto botecito granate oscuro con dosificador. Extendió la lengua y dejó caer sobre su ella una pequeña gota. Después, se ...